PENSAMIENTO DE FRANCO

Pensamiento político de Franco

FRANCO SOBRE LOS PARTIDOS POLÍTICOS (Fundación March)

 

La Fe y la Tradición que evocaba Franco no eran conciliables con la podredumbre de los partidos políticos ni de los constitucionalismos, manejados siempre por la masonería y los poderes ocultos de enemigos de España.
Franco en Navarra, en 1952, reiteraba la enemiga que los partidos políticos han presentado siempre en España, y nos decía:

“Nosotros NO tenemos partido. Nosotros somos un Movimiento; como el Tradicionalismo y la Falange no quisieron nunca ser partido. Aunque para la lucha aparecieron como tales, somos un Movimiento que hemos cogido de todos los españoles y de nuestras tradiciones aquello que nos es común, aquello que nos une y NO lo que nos divide.
Y en el mismo discurso evocaba a Vázquez de Mella, a Donoso Cortés, a Balmes, “pensadores del siglo XIX”, en la reivindicación de la vitalidad fecunda e inagotable que tiene la Tradición, sin las caricaturas de las momias de la democracia, incapaces de hacer otra cosa que VOLVER A LAS ANDADAS DE LOS QUE LLEVARON A ESPAÑA A LA CATASTROFE.

Continuaba Franco:
“NO DEJEIS jamás introducirse a los caciques, a la masonería, a las fuerzas del mal..”

Franco JAMAS imaginó que la monarquía que él fundaría, como fruto maduro de la Cruzada, la Monarquía del 18 de Julio (no la juancarlista traidora), pudiera convertirse en trampolín para VOLVER a la DECADENCIA de los partidos políticos: tal democracia “engendra en sus mismas entrañas una permanente guerra fría dentro del propio país; divide y enfrenta a sus ciudadanos; inevitablemente alimenta los gérmenes que mas tarde o más temprano desencadenan la lucha de clases; que disgrega la unidad nacional en facciones beligerantes; que en vez de constituir un sistema de frenos morales y de auxiliares colaboradores del gobierno, alimentan la posibilidad de socavar impunemente el principio de autoridad y el orden social.
Franco conocía muy bien la MENTIRA de los que sustentan que los partidos políticos son representantes de los intereses particulares.


Así declaró al diario mexicano “Excelsior” el 1-V-1959:


“Se confunde fuera de España la política nacional de unidad con la que llaman de partido único.
Si la política de partidos llevó a España en el siglo XIX a tres guerras civiles, y al estado gravísimo de la II República, es natural que busquemos sus soluciones políticas por otros cauces FUERA de lo ARTIFICIOSO de los PARTIDOS, que nosotros hemos conducido por el camino TRADICIONAL de las ORGANIZACIONES NATURALES de la FAMILIA, el MUNICIPIO y el SINDICATO.. Sin apenas medios hemos hecho resurgir la nación..y hemos elevado su nivel de vida.. Como Vd comprenderá, nos va demasiado bien para pensar en un suicidio colectivo.”

Por otra parte, NO ES IMPERATIVO DE LA DEMOCRACIA QUE ESTA HAYA DE PRACTICARSE A TRAVES DE ARTIFICIALES PARTIDOS POLITICOS. Lo que a unos pueblos puede irles bien (se refiere a Gran Bretaña, EEUU, Suiza..), A OTROS COMO NOSOTROS, ESTÁ DEMOSTRADO NOS ERA FATAL..”

(de “La Monarquía que quiso Franco” de J. Tarragó , 1978)

FRANCO SOBRE LA MASONERÍA:
 

“Desde que se fundó la masonería en España hasta nuestros días, la masonería ha puesto su mano en todas las desgracias patrias. Ella fue quien provocó la caída de la Ensenada. Ella quien eliminó a los jesuitas, quien forjó a los afrancesados, quien minó nuestro Imperio, quien atizó nuestras guerras civiles y quien procuró que la impiedad se extendiera. En nuestro siglo fue la masonería la que derribó a Maura y quien se afanó siempre por atarnos de pies y manos ante el enemigo, la que apuñaló la monarquía y finalmente quien se debate rabiosa ante nuestro gesto actual de viril independencia. ¿Cómo se nos puede negar el derecho a defendernos de ella? ¿Es que puede alguien escandalizarse porque España la haya puesto fuera de la ley? Los masones en España significan esto: traición a la patria y amenaza de la religión; abyectas figuras que por medrar son capaces de vender a sus hermanos al enemigo”.

JAKIM BOOR (Pesudónimo de Franco)

SOBRE EL ANÁLISIS HISTÓRICO
 

«La vida de la nación española ha sido tan intensa y pródiga en acontecimientos que vale la pena el que, aunque sea ligeramente, recordemos los frutos que recogió España bajo el sistema liberal parlamentario de partidos políticos desde las Cortes de Cádiz, que elaboraron aquella Constitución inspirada en las ideas de la Revolución francesa, hasta el advenimiento del Movimiento Nacional (Cortes Españolas, 1946).

«Si a los regímenes políticos hemos de juzgarlos por sus frutos y con la serenidad que nos dan los años transcurridos hacemos balance, ya no de lo alcanzado, sino de lo que bajo el signo de la democracia liberal hemos perdido, llegamos a la conclusión que no podría concebirse un sistema más dañino para los intereses de la Patria y para el bienestar y el progreso de los españoles que el que hasta nuestro Movimiento padecimos. No es necesario en esto descender al detalle de hechos tan tristes y calamitosos.» (Cortes Españolas, 1955.)

«El retraso que en orden al progreso nos venía causando la lucha de clases y de los partidos políticos es verdaderamente desconocido fuera de nuestra nación; sólo los que han vivido en ella los años anteriores a nuestro Movimiento libertador pueden darse cuenta del progreso efectivo alcanzado en todos los aspectos, ya sea este religioso, cultural, agrícola, industrial o social. Todo ello en nuestra Nación se encuentra en franca marcha progresiva y su detalle haría esta relación interminable.» (Declaraciones a «Noticias Católicas» de Washington, 1957.)

Ineficacia de los partidos

«Si fueron tantos los sacrificios que nuestra Nación necesitó para que la Patria se salvase, no podía abandonársela de nuevo a aquellos viejos sistemas que la venían aniquilando. Y ningún camino más fácil ni más recto, para este primero y básico objetivo, que la desaparición del anárquico sistema liberal, cuya consecuencia insoslayable e inevitable es la atomización del cuerpo social y su sustitución por un sistema de organización político-social basado y estructurado sobre las unidades o entidades naturales de convivencia.»

«No son las unidades nacionales fragmentadas, atomizadas, artificialmente montadas y en el fondo disgregadas, las que pueden unirse en una superior y más alta unidad. Los partidos políticos son entre sí dispares, beligerantes frente a lo común, mientras que la familia, el Municipio y los Sindicatos, dentro de las modalidades propias de cada pueblo, tienen denominador común; sus fines naturales siempre y en todas partes son los mismos.»

«Cada día se acusa con mayor claridad en el mundo la ineficacia y el contrasentido de la democracia inorgánica formalista, que engendra en sus mismas entrañas una permanente guerra fría dentro del propio país; que divide y enfrenta a los ciudadanos de una misma comunidad; que inevitablemente alimenta los gérmenes que más tarde o temprano desencadenan la lucha de clases; que encienden la unidad nacional al disgregar en facciones beligerantes unas partes de la Nación contra las otras; que mecánica y fatalmente provocan con ritmo periódico la colisión entre las organizaciones que se dicen cauces y mecanismos de representación pública; que en lugar de constituir un sistema de frenos morales y de auxiliares colaboradores del Gobierno, alimentan la posibilidad de socavar impunemente el principio de autoridad y orden social.» (Mensaje de fin de año, 1959.)

El Movimiento y los partidos políticos

«Yerran los que maliciosamente pretenden considerarnos como un partido, cuando

constituimos un auténtico Movimiento Nacional en constante marcha y perfeccionamiento, que no se anquilosa en la rigidez cadavérica de los partidos. Movimiento que marcha con sus banderas desplegadas paralelamente a las necesidades de la Nación.» (Discurso conmemorativo de la Victoria, 1949.)

«Se equivocan los que hablan algunas veces del partido. Nosotros no tenemos partido. Nosotros somos un movimiento, como el Tradicionalista y la Falange no quisieron ser nunca partidos, aunque para la lucha aparecieran como tales; somos un Movimiento que hemos cogido de todos los ideales españoles y de nuestras tradiciones aquellos que nos es común, aquello que nos une y no lo que nos divide. Y sobre ello hemos levantado nuestro Movimiento; un Movimiento que no es hermético ni tiene escalafones; un Movimiento abierto a todos los españoles de buena fe que quieran militar en el servicio político de la Nación. No negamos a nadie un puesto, abrimos los brazos a todos y sentimos dolor cuando algunos equivocados o apegados a viejos errores permanecen en casa y no prestan su brazo e inteligencia al esfuerzo común de levantar a España.» (Pamplona, 1952.)

«Sabéis que la Falange es un Movimiento, que no es un partido, y que por ser un Movimiento al servicio de la Patria aspira a la unidad de los hombres y de las tierras de España. No constituimos una organización hermética; somos una comunidad en espíritu de servicio, con las puertas abiertas a la colaboración de los españoles, con los corazones dispuestos a acoger en ella todas las inquietudes de la Patria, todas las ansias de nuestros hermanos, los anhelos de los que sufren y de los que padecen hambre o sed de justicia. Somos la proyección en el tiempo de una revolución; no de una revolución que pasa, sino de una revolución que perdura y que marcha. Para que esta revolución no pueda malograrse y pueda llenar nuestra misión, tenemos que mantener siempre el espíritu tenso y ser lo que con frase feliz concibió José Antonio: “Mitad monje y mitad soldados”. Y esto no quiere decir el vestirnos con un uniforme o un ropaje determinado, sino que hay que tener la sobriedad y la renunciación del monje y la disciplina y las virtudes del Movimiento.» (Juramento de los nuevos Consejeros Nacionales,1955.)

«Un Movimiento no puede estancarse ni detenerse; ha de estar en periódica renovación. Una política nacional que merezca este nombre necesita mirar el futuro, señalarse metas ambiciosas y movilizar los medios todos para alcanzarlas. Un Movimiento ha de propugnar y esforzarse sin descanso porque se realicen, hasta el extremo límite que las circunstancias y los medios disponibles prudentemente permitan, cuantas disposiciones estén contenidas en su entendimiento del bien y el perfeccionamiento de la persona y de la sociedad. Aquí radica, en última instancia, la diferencia sustancial entre partido y Movimiento, entre adscripción a un programa y la fe operante ordenada a un quehacer nacional, entre una etiqueta política y un modo de ser y actuar.» (Mensaje de fin de año, 1958.)

Los partidos y las «organizaciones naturales»

«Se confunde fuera de España la política nacional de unidad con la que llaman de partido único. Si la política de partidos llevó a España en un siglo a tres guerras civiles y al estado gravísimo de que la sacamos, es natural que busque sus soluciones políticas por otros cauces fuera de lo artificioso de los partidos, que nosotros hemos conducido por el camino tradicional de las organizaciones naturales de la Familia, el Municipio y el Sindicato. Con ello hemos superado los años más difíciles de nuestra vida: hemos liquidado una guerra interna, nos hemos librado de una guerra universal, hemos alcanzado veinte años de paz ininterrumpida. Sin apenas medios hemos hecho resurgir a la nación y creado unas ilusiones y un espíritu de resurgimiento. Y hemos elevado considerablemente el nivel de vida de la nación. Como usted comprenderá, nos va demasiado bien para pensar en un suicidio colectivo.»

«Por otra parte, no es imperativo de la democracia que ésta haya de practicarse a través de los partidos artificiales tipo siglo pasado. Lo que a unos pueblos puede irles bien, a otros, como nosotros, está demostrado nos era fatal.»

«Suele en las grandes crisis políticas de las naciones acudirse a los tópicos de los Gobiernos dé unión nacional, en que se pretende unir temporalmente a las cabezas, dejando divorciados os cuerpos. Y así sale ello. Nosotros somos más sinceros: unimos los cuerpos en lo que nos es común para poder marchar más lejos bajo una dirección y una cabeza.» (Declaraciones a «Excelsior», de Méjico, en mayo de 1959.)

«No constituye el Movimiento un partido; el Movimiento es obra de todos los españoles que quieran engrandecer a su Patria.» (Discurso pronunciado en Orense en septiembre de 1961.)

La redención de los partidos

«El que alejándonos de los partidos políticos, de historia tan triste y de balance tan catastrófico, hayamos buscado la asistencia a las funciones públicas a través de las organizaciones naturales constituidas por la Familia, el Sindicato y el Municipio, en que el hombre se desenvuelve, como Su Santidad nos recordaba en su último mensaje, nos permitió redimirnos de tan desdichado y artificial engendro de los partidos, tan estrechamente unidos a las desgracias de nuestra Nación.»

«Si comprobamos lo que bajo el signo de la democracia inorgánica con regímenes de partidos perdimos y lo que bajo la unidad y el sistema orgánico alcanzamos, comprobaremos sus respectivas virtualidades. Bajo la primera, España pasó del cénit de su gloria, bienestar y poderío al puesto más bajo de su historia y al trance de fragmentarse. En cambio, bajo el signo de la segunda vencimos al comunismo internacional que en los campos de España se dio cita, alcanzando la victoria en nuestra guerra de liberación. Cuando todos nos cantaban funerales considerándonos desangrados y arruinados, levantamos la Patria con nuestro propio esfuerzo.

Resistimos las presiones y amenazas de la guerra universal en nuestras fronteras. Deshicimos las invasiones terroristas que los agentes comunistas infiltraron en nuestras serranías, liberándolas de forajidos. Triunfamos sobre la conjura internacional más grave que nación alguna haya resistido. Restauramos nuestra economía y transformamos nuestra Nación a un ritmo y en una escala jamás conocida en nuestra Patria, y logramos que el ser español sea algo que en el mundo se admire y se respete.» (Mensaje de fin de año, 1955.)

Las organizaciones naturales

«El hombre sólo puede ser eficaz e intervenir en las tareas del Estado a través de sus organismos naturales, a través de la familia: el que crea una familia, el que la mantiene y preside, es el que debe llevar la voz, y no los que de él dependen. A través del Municipio, como asociación primaria que vive y conoce; por medio del Sindicato en que se encuadra, conoce a los que trabajan en él y sus intereses y necesidades. A través de esos Ayuntamientos y Sindicatos intervienen los hombres en la vida de España, pero no con aquella democracia falsa y explotadora que hoy pedía el voto para engañarnos mañana. Esa democracia la repudiamos.» (Discurso pronunciado en Huelva en abril de 1956.)

«Nosotros, a la democracia inorgánica le oponemos una democracia orgánica, en que los hombres discurren a través de sus cauces naturales, de la familia, del Municipio y del Sindicato, y queremos que lo mismo los Municipios que los Sindicatos cumplan su misión y sean el medio por donde pueda llegar la voluntad del pueblo a las altas esferas del Estado.» (Discurso en Valdelacalzada, Badajoz, octubre 1956.)

«El progreso del derecho político no está en violentar la natural constitución orgánica de la sociedad, sino en habilitar condiciones jurídicas y procedimientos adecuados al desarrollo y proyección activa de los órganos naturales de convivencia en cuantas áreas de la vida española sea conveniente. La participación del pueblo en la gestión de la “res pública” es, además de un derecho, una obligación al mismo tiempo que una exigencia natural de la sociedad, y bien sabido es que todo derecho natural y toda exigencia de la naturaleza dispone de sus medios naturales para el ejercicio de ese derecho y la satisfacción de esa exigencia.» (Mensaje de fin de año, 1959.)

El diálogo democrático

«La política no existe sin el diálogo. El diálogo es la base de la política. Podrán tener unos hombres la responsabilidad de Gobierno, pero su política estará siempre vacía si no existe el diálogo; pero no el diálogo anárquico, no el artificioso de los partidos políticos suplantador de las verdaderas estructuras nacionales, sino el diálogo directo con los representantes directos de estas propias estructuras.» (Congreso Sindical de 1961 en Madrid.)

Libertad de opiniones

«Repudiar el sistema de partidos por lo que tiene de disgregante y envilecedor no es desconocer la diversidad de opiniones; sino hacer que se expresen por sus legítimos cauces representativos en vez de enfrentarse de modo irreductible. Queremos libertad de opiniones, pero no al servicio del antagonismo permanente de los partidos, sino libertad para llegar a un entendimiento-solución. La razón de ser de los partidos políticos estriba justamente en lo que divide, no en lo que une. Nosotros, en vez de hacer crónicas las discordias, buscamos la unidad dentro de la libertad responsable y de la crítica fundamentada y solvente.» (Discurso ante las Cortes españolas, Madrid 1961.)

Los partidos, uniones artificiales

«Ha sido en nosotros una imperiosa necesidad la que nos empujaba a la crítica y al análisis de los puntos débiles de la filosofía política dominante entre los pueblos occidentales en que nos encontramos. A la democracia inorgánica que ellos practican, España opone la orgánica y representativa, entre las que la diferencia principal estriba en que si en las primeras la representación se obtiene a través de las organizaciones artificiales de los partidos políticos, en la segunda lo es a través de los organismos naturales en que el hombre se encuadra.» (Discurso pronunciado en Burgos en 1961.)

«De todos es sabido cómo se realizaban las elecciones, cómo se fraguaban los partidos políticos, cómo se arrastraban a los electores para conseguir su voto. Unas veces se explotaba la espiritualidad, pidiéndole a la Iglesia influencia para obtener sus votos ; otras acudían a los empresarios y patronos, para, a través de la fuerza, del mando y del dinero, coaccionar a los electores. mientras otras explotaban las pasiones de los trabajadores a través de las organizaciones sindicales, para pedirles sus votos, comprando a sus primates para que no votasen y obtener una ventaja en la elección.» (Discurso ante el II Congreso Nacional Sindical, Madrid 1962.)

«Todos hemos conocido, especialmente los que ya somos viejos, la ficción de los partidos políticos, en los que la relación entre representantes y representados se limita a la elección entre varios nombres que los comités de los partidos les presentan, y que en la casi totalidad de los casos los electores desconocían; pero una vez lograda la investidura obraban a su antojo, sin tener en cuenta los intereses y la voluntad de los votantes. A ello oponemos nosotros nuestra democracia orgánica, en la que la representación se hace a través de la familia, del municipio y del sindicato, en los que el hombre vive y se encuadra, y en la que los elegidos mantienen vivo el vínculo con la asociación que les designó, sin que puedan traicionar los legítimos y homogéneos intereses de los representados; pero aún con ser esto tan sincero, no nos basta para satisfacer las verdaderas esencias de una democracia.

Consideramos necesario que la democracia sea cosa viva, que todos participen en la cosa pública, y de aquí esos periódicos congresos económico-sindicales provinciales en que en consejo abierto se debaten los problemas de la provincia y donde las aspiraciones encuentran un cauce para su elevación directa a los poderes públicos, que, recogidas más tarde por el Gobierno, se vienen convirtiendo en proyectos de ley.»

«Y aún tenemos más: existe en nuestra legislación básica la institución del referéndum, por la cual han sido sometidas a la aprobación del país sus leyes fundamentales y le son sometidas las demás leyes de reconocida trascendencia.» (Discurso pronunciado en Valencia en junio de 1962.)

Repulsa a la democracia inorgánica

«Como veis, es enteramente torpe e inútil que se pretenda coaccionarnos fuera e invitarnos con uno u otro pretexto, generalmente con intención malévola, a adoptar determinados patrones institucionales típicos de la democracia individualista e inorgánica.»

«A este respecto, es justo recordar la repulsa que el pueblo español sintió siempre hacia la democracia inorgánica de los partidos políticos, puesta de relieve en diversas ocasiones a través de su historia. No tenemos más que recordar el entusiasmo popular con que en los tiempos modernos fue acogida la Dictadura del general Primo de Rivera, y lo que sucedió a los pocos años de implantada la República, que hubo de culminar en el Movimiento Nacional. No era que el pueblo español rechazase los principios democráticos, enraizados en su ser siglos antes de que otras naciones los practicasen; sino que era la repulsa, el asco y el desprecio que te producían el ver sepultada su voluntad por la tiranía de los partidos políticos predominantes.

Era justo el pronunciamiento de los españoles ante aquel sistema de democracia, que iba unido a todo nuestro triste pasado; que había suplantado todos los principios de participación popular en el poder político y cuyos gravísimos resultados tenía a la vista.» (Discurso ante el Consejo Nacional en 1963.)

La participación familiar, municipal y sindical

«Todos los españoles participarán en el Estado a través del desempeño de sus funciones municipales y sindicales, pero no participarán como representantes de partidos políticos, porque hemos abolido implacablemente el viejo sistema parlamentario de múltiples partidos políticos con sus males conocidos: sufragio inorgánico y lucha entre los grupos enemigos.»

(Declaraciones al «The New York Times Magazine», diciembre de 1937)

«Un tercer sistema, que es el que nace de la moral cristiana, de la historia y tradición de los pueblos, o sea el régimen que nosotros hemos establecido. En él desaparece el Estado indiferente ante las luchas de los hombres, en él desaparece la opresión y la explotación del hombre por el hombre; el Estado organiza la sociedad con sus instituciones naturales; el Estado encuadra a los españoles en las instituciones clásicas y seculares: los Municipios, que nos dejaron los romanos y que sobreviven después de veintiséis siglos como institución natural y asociación lógica de los hombres; la familia, que constituye la organización humana y primera del individuo, y, por último, el sindicato, que en este mundo de complejidad de industrias y de intereses, es el que asocia a los españoles en un interés común.»

(Discurso de Franco pronunciado en Huelva en 1943.)

Discurso ante la concentración de Mineros Leoneses

Pronunciado en Ciñera, Cuenca de Santa Lucía, León, el 18 de septiembre de 1962

"Mineros de León:

He venido a visitaros muy complacido de poder tomar contacto con vosotros y deciros unas palabras, que deseo sean una lección política, porque todos los problemas de España son y se reducen a un problema político, que se encierra en el servicio del bien común. Y de cómo vamos cumpliendo este servicio, vosotros tenéis una muestra en todas las realizaciones del nuevo Estado y en particular en las obras sociales y en toda la legislación social de estos años.

Nosotros no partimos de un solar en el que pudiéramos edificar a placer: partimos de una herencia histórica, de lo que nos legaron; herencia que no podemos destruir, que tenemos que ampliar y multiplicar, que es un legado inalienable de la Patria, de la que somos meros administradores, y que hemos de legar a las generaciones futuras. Y, por tanto, tenemos que llevar el ritmo que nos permita la situación económica de la Nación. Y a pesar de ello, a pesar de las ruinas de la guerra, a pesar del anquilosamiento en que estaba la economía española, nos hemos enfrentado con los primeros problemas sociales de nuestra época, como la atención en la enfermedad a través del Seguro de Enfermedad, el salario familiar, el Seguro de Paro y, en fin, todos los Seguros Sociales y todas las instituciones de previsión que se han ido creando a través de estos años; reemplazando las viviendas insalubres por las casas baratas; creando los Montepíos y los Economatos, en fin, todo lo que se ha creado en estos años, tan agitados y, sin embargo, tan fecundos, que si no ha llegado al grado óptimo, que es nuestro deseo, marca, sin duda, pasos decisivos para la mejora de la Nación.

Nosotros nos enfrentamos con el sistema liberal, luchamos contra el egoísta sistema liberal; nos alzamos contra aquella República que organizaba la lucha de los hombres contra los hombres, que dejaba en libertad la explotación inicua del hombre por el hombre; porque nosotros nos negábamos a que la lucha de clases llevase a la ruina a la Nación. Nosotros deseamos, en vez de lucha, la colaboración de todas las clases, la unidad de todos los hombres y de las tierras de España, en el servicio de la Patria.

Nosotros luchamos por un estado moderno, nos enfrentamos con problemas hondos que no afectan sólo a España, sino a toda Europa, hemos buscado soluciones, hemos creado doctrinas, y a la doctrina del odio le hemos opuesto nosotros la doctrina del amor.

Pues, en efecto, ¿cuál es el contenido de nuestro sistema político? ¿Qué es el bien común, que nosotros queremos para los españoles? Pues el bien común podemos reducirlo a tres facetas: la espiritual, la nacional y la social.

Si miramos a la faceta espiritual, nos reconocemos como portadores de valores eternos, creados a imagen y semejanza de Dios, que tenemos en destino eterno principal que es el de salvar o perder nuestra alma. Y ese destino es el principio primero que un buen católico debe contemplar. Pero esto no se refiere sólo a los católicos, pues la ley de Dios no es sólo para los católicos, sino que es ley natural para todos. Y al que tiene la desgracia de no creer, para él también están los bienes de lo espiritual y los límites de lo moral. ¿Qué otra cosa son si no las sanciones de los códigos universales contra los quebrantamientos de la moral o de la ley de Dios? ¿Es que cualquiera de vosotros, por acaso, querríais jefes o directores que faltasen a
la ley de Dios?

Por tanto, fijaos cómo lo espiritual tiene que presidir el bien común. Pero como lo espiritual se expresa en formas históricas, ahora vamos a ver lo nacional. ¿Qué es lo nacional? Lo nacional es nuestra sociedad, la sociedad que constituimos nosotros, los hombres como entes sociales, en una sociedad que ha ido aumentando al compás de las necesidades que ha constituido la Patria española, la Nación española, con sus límites geográficos y con sus enlaces físicos y materiales. Y esta Nación es la que nos hace ser como somos, y nos cobija; es la base de nuestro bienestar. Por eso, de la riqueza de esta Nación, del progreso de la misma, dependen los vuestros. Si la Nación es rica, habrá bienestar para todas sus clases; si la Nación es pobre y se arruina, será la miseria y el hambre para todos. Y todo esto que vino consolidándose a través de los siglos es el legado inalienable que nosotros tenemos que ofrecer de mano en mano, mejorado, a las sucesivas generaciones.

Por tanto, no es lícito, y va contra el interés de la Patria, todo lo que la dañe o perjudique, que es lo que con razón se llaman delitos de lesa patria, unos que están registrados en nuestros códigos y otros que todavía no han sido registrados.

Y tenemos otra tercera faceta, que es la social, que es la del bien común hecho distribución social, la justa distribución de la riqueza o, mejor dicho, la justa distribución de la renta; el acceso equitativo de todos los hombres a todos los puestos de la Nación y la legítima igualdad de oportunidades para todos.

No diréis, ni dirá nadie, que en estos veinticinco años no se vienen cumpliendo con un celo extraordinario, aun rebasando muchas veces los índices de lo que algunos estiman posible, con estas tres ideas, y no sólo en lo que se refiere a lo social, sino en todos los aspectos y oportunidades del bien común, a base de los sacrificios de todos.

Por eso digo que la Patria necesita que todos los días le ofrezcamos algo; y no podremos ofrecer algo si nosotros no tenemos el corazón abierto, si tenemos rencores o reservas en el corazón, De la unidad de los hombres y de las tierras de España saldrá la España grande; de las luchas intestinas entre españoles ya visteis vosotros lo que salió, en los tiempos por fortuna ya pasados.

Por eso quería daros esta lección política, advirtiéndoos que no vamos contra corriente de los demás pueblos del mundo. Lo que ocurre es que nosotros marchamos con claridad y lealtad, a cara descubierta, y no farisaicamente, como a veces marchan los otros.

Nosotros estamos en el camino de las soluciones políticas modernas. En el mundo se han enfrentado dos sistemas: el capitalista liberal, que explota al hombre y permite la explotación del hombre por el hombre, en el que el pez grande se traga al chico y el más fuerte arrastra al más débil, y el sistema comunista, que trata, por el contrario, de imponer la fuerza de la masa; ¡ah!, pero administrada por una minoría, el partido comunista, que ejerce, sin piedad, la dictadura.

A lo que han llegado los dos sistemas todos lo sabemos: uno es la Europa occidental, con su progreso, pero con su injusticia; otro es Rusia, con sus checas y la esclavitud de los campos de concentración.

Nosotros no podemos aceptar ninguno de los dos caminos: uno, con la Empresa estatal manejada por el Estado policía, negando toda clase de libertades; otro, con una libertad aparente que acaba en la tiranía y en el libertinaje. Nosotros no podemos aceptar la negación de la Empresa privada para sustituirla por la estatal, ni la negación de toda propiedad y toda libertad
Nosotros buscamos verdaderas soluciones a nuestros problemas. No negamos la legitimidad de lo social ni la de la libertad. Nosotros queremos una libertad real, las máximas libertades compatibles con la autoridad y con el orden. Nosotros queremos la Empresa libre, la libertad de la Empresa, pero también pedimos y exigimos el derecho del Estado a ofrecer al pueblo los beneficios de la Empresa pública.

Y estas soluciones españolas, esta política española, hieren los intereses de los credos políticos capitalistas liberales, los de la masonería y también los del comunismo. Por eso son las ofensivas contra España, la compra de agentes, el soborno de traidores, para perturbar la parte productiva de nuestra Patria, para frenar su desarrollo, para que no se realice nuestro bienestar, el bien común que precisa España, y en el que hoy nuestro Régimen va por delante de los regímenes extranjeros.

Nosotros estamos avanzados respecto de ciertos sistemas europeos, porque estamos convencidos de que quien no se renueva o procura renovarse está condenado a morir; de ahí nuestra evolución constante y nuestro deseo de superación. Como he dicho muchas veces, nuestras metas son las mismas, aunque vayamos a veces por caminos distintos, y hemos creado un sistema político que es beneficioso para todos; por eso tenéis que enraizaros en él y defenderlo con vuestras uñas y vuestros dientes, porque en él está el porvenir, la grandeza de España y el bienestar para vuestros hijos.

¡Arriba España!

Testamento de Franco

 

«Españoles: Al llegar para mí la hora de rendir la vida ante el Altísimo y comparecer ante su inapelable juicio pido a Dios que me acoja benigno a su presencia, pues quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro, y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir. Pido perdón a todos, como de todo corazón perdono a cuantos se declararon mis enemigos, sin que yo los tuviera como tales. Creo y deseo no haber tenido otros que aquellos que lo fueron de España, a la que amo hasta el último momento y a la que prometí servir hasta el último aliento de mi vida, que ya sé próximo.


Quiero agradecer a cuantos han colaborado con entusiasmo, entrega y abnegación, en la gran empresa de hacer una España unida, grande y libre. Por el amor que siento por nuestra patria os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España, don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis, en todo momento, el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido. No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta. Velad también vosotros y para ello deponed frente a los supremos intereses de la patria y del pueblo español toda mira personal. No cejéis en alcanzar la justicia social y la cultura para todos los hombres de España y haced de ello vuestro primordial objetivo. Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza de la unidad de la patria.
Quisiera, en mi último momento, unir los nombres de Dios y de España y abrazaros a todos para gritar juntos, por última vez, en los umbrales de mi muerte,     
           

"¡Arriba España! ¡Viva España!".»

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